La cata es una experiencia sensorial en la que ponemos en marcha los cinco sentidos para disfrutar al máximo todos los atributos que ofrecen los quesos.

 

Al realizar una cata de quesos ponemos en funcionamiento los cinco sentidos, los cuales intervienen en mayor o menor medida a la hora de valorar la calidad de la pieza o porción que estamos degustando. Al igual que la del vino, la cata de queso es una experiencia sensorial que pasa por distintas fases: la visual, la olfativa, la gustativa, la táctil y, aunque parezca extraño, la auditiva.

A continuación, os ofrecemos una serie de nociones y consejos para llevar a cabo, paso a paso, una cata de queso en todo su esplendor a través de los cinco sentidos:

  1. VISTA. Observando con atención y sin ningún tipo de prisa, podemos fijarnos en el aspecto exterior del queso, analizando su forma geométrica (cilíndrico, tubular, discoidal…), su corteza (lisa, rugosa, con marcas, untada con aceite…) y su tamaño. A continuación, cuando hayamos cortado el queso, comprobaremos su aspecto interior, pudiendo identificar mediante el color de la pasta con qué tipo de leche está hecho. Así, los quesos de cabra son blancos, mientras que los de oveja se presentan en blanco hueso y los de vaca son entre blanco pajizo y amarillentos. Asimismo, cuanto más curado esté el queso, podremos apreciar en la pasta si posee grietas o si empieza a agrietarse.
  2. OLFATO. Es, sin ningún género de dudas, uno de los momentos más singulares a la hora de hacer una cata de queso: acercar la nariz para percibir su olor y su intensidad. Ésta puede ser de tipo medio (los quesos tiernos de cabra o los semicurados de leche pasteurizada), medio-alta (los semicurados de leche cruda) y alta (los muy curados de oveja). Además, a través del olor se puede identificar la familia a la que pertenecen: láctica (yogur, nata, mantequilla), floral (miel, violeta, rosa…), afrutados (cítricos, frutos secos, manzana…), torrefacto (vainilla, café, chocolate, caramelo…), vegetales (hierba, heno, verduras…), especias (nuez moscada, menta…).
  3. TACTO. La mano y los dedos aportan información sobre la superficie del queso tales como su rugosidad, su elasticidad y su grado de humedad (seco o húmedo). En boca, también notaremos si la textura es terrosa, pastosa o cremosa, si es fundente o granuloso, etc..
  4. GUSTO. Para captarlo en su mayor intensidad, es preferible masticar el queso durante unos segundos manteniendo la respiración. Luego, con la boca cerrada, liberar el aire por la nariz con el fin de que los aromas y la intensidad aparezcan con mayor ímpetu. A través de la boca percibiremos los sabores elementales (dulce, amargo, salado y ácido), así como su  persistencia (baja, media y alta) y el gusto residual. A través de nuestro paladar también distinguimos la firmeza, la deformabilidad, el grado de adhesividad y la friabilidad del queso.
  5. OÍDO. También desempeña su papel en la cata de determinados quesos. Así, se puede reconocer un queso con cristales si al masticarlo se oye un crujir, como es el caso del Parmesano.

 

En Formatgeria d’Origen te recomendamos que disfrutes las sensaciones que ofrece una buena cata de queso siguiendo estos cinco pasos. Y si puedes maridarlo con un buen vino o acompañarlo con un delicioso trozo de pan, la experiencia será, definitivamente, insuperable.